Vivir del arte. Esa era la tradición del 60% de las familias en la parroquia Tintorero, ubicada en el municipio Jiménez del estado Lara, en el Occidente de Venezuela.
Carlos Mendoza fue artesano durante 25 años. En las mejores épocas horneaba hasta 10.000 piezas de arcilla al mes en el horno instalado en el patio de su casa. Desde hace cuatro años dejó su arte para trabajar como bedel en una escuela durante las mañanas y de vigilante nocturno en un invernadero.
Al preguntarle sobre lo que extrañaba de su oficio no pudo contener las lágrimas. “Todo. Extraño todo. No éramos ricos, pero vivÃamos cómodos. A los niños no les faltaba nada. SalÃamos a pasear los fines de semana”, rememoró mientras limpiaba el polvo de las artesanÃas que aún conserva en su patio.
En el censo publicado en el año 2004 por la Fundación para el Desarrollo de Centrooccidente, Fudeco, existÃan más de 650 telares activos en esta región. En el año 2019 la cifra está por debajo de 50 telares, donde continúan tejiendo hamacas, tapetes, individuales y otros productos textiles caracterÃsticos de este pueblo de artesanos.
La Feria Internacional de Tintorero, que se realiza cada año entre la última semana de julio y la primera de agosto, tiene de internacional solo el nombre, porque el turismo ha disminuido, incluso el que realizaban los propios venezolanos que antes visitaban el poblado para comer los platos tÃpicos y comprar artesanÃa.
“Los clientes que antes nos compraban para revender, ahora trabajan haciendo otra actividad, porque ya la gente no está pendiente de comprar adornos, sino de buscar comida”, declara Miroslava Roa, quien hasta hace cuatro años vivÃa como artesana.
Laura Sarmiento, una de las pocas tejedoras de hamacas que sigue la tradición familiar, dijo que el año pasado, durante toda la feria, los artesanos vendieron menos de diez hamacas entre todos. El resto del año, en los cubÃculos del centro artesanal, “exponen” alimentos, como harina, arroz y granos.
“El turismo desapareció por la inseguridad, porque no hay gasolina y por la vialidad, que no está en buenas condiciones. Las fallas de electricidad también influyen para mantener los puestos de venta en Tintorero, porque los cubÃculos son cerrados y necesitan iluminación, asà como los que venden comida necesitan electricidad”, enumera Sarmiento.
EconomÃa en picada
En el patio de la casa de los esposos Mendoza Roa quedan algunos moldes pálidos, sin pintura, sin terminar. También están algunas piezas llenas de polvo. Hasta hace cuatro años estas piezas las hacÃan por miles en el horno casero, que quedó como recuerdo de esa época cuando vivÃan del arte.
“Mi sueño es volver a trabajar con la cerámica. SerÃa como empezar de nuevo, porque tendrÃa que buscar moldes. La pintura está muy cara y aquà ya no la hacen porque los envases también se desaparecieron. Lo único que tenemos es el horno”, cuenta Miroslava Rosa.
Carlos Mendoza explica que las personas llegaban a su casa a comprar por miles los productos, que eran vendidos en toda Venezuela y a clientes de Colombia. “Pero la economÃa se vino al piso. Ya no nos compraban las piezas y no conseguimos cómo sobrevivir. Por eso tuvimos que buscar trabajo en otras áreas después de dedicar toda nuestra vida a la artesanÃa”, dice Mendoza.
En el pueblo también se pueden observar telares abandonados en los solares de las viviendas, los cuales en un tiempo eran el sustento principal de las familias de Tintorero.
Convenio China-Venezuela
Laura Sarmiento forma parte de la tercera generación de tejedores de la familia. Construyó su fábrica de textiles gracias a un financiamiento de Bancoex que recibió en el año 2016, que ha pagado en su totalidad. Inició con nueve telares, pero en la actualidad solo funcionan dos.
Uno de los problemas que ha tenido que sortear es la mala calidad del hilo que empezó a llegar a Venezuela desde el año 2004, cuando Venezuela firmó el convenio con China. “Antes llegaba al paÃs hilo de buena calidad, principalmente de España, pero desde que Chávez firmó el convenio China-Venezuela, la materia prima que empezó a llegar era mala. Empezaron las quejas de clientes de hamacas, porque estas se rompÃan y no eran resistentes como antes”, explica Sarmiento.
Esa y una decenas de denuncias las llevó a Caracas, al Ministerio de Cultura y al Ministerio de Comercio Exterior. “Tengo una caja con la cantidad de documentos que he entregado. Mi idea siempre ha sido que todos los artesanos de Tintorero puedan salir adelante para continuar la tradición. Llevé varias propuestas al Gobierno, pero quedaron en nada. Desde aquà se movÃa la economÃa de Venezuela”, rememora la creadora.
Para ese año de 2004 en Tintorero se consumÃan 900.000 kilos de hilo al año. Sin embargo, la crisis tomó la delantera y ocasionó que familias de tradición textilera, como los Mendoza y los Montes, cerraron sus negocios al no poder adquirir la materia prima de calidad. “Por ética cerraron, para no hacer textiles de mala calidad. Yo he hecho hamacas con lo que habÃa podido comprar años atrás, pero ahora con la hiperinflación no sé cómo haré para adquirir el hilo importado”
Hamacas sin cabuyas
Las principales fábricas nacionales de cabuyas para hamacas no reciben pedidos. “Tengo 100 hamacas sin cabuya. Hice el pedido a la fábrica que las hace en Maracay, pero me dijeron que no pueden aceptarlo porque tienen problemas de electricidad [apagones]. Prender la maquinaria les trae más pérdidas que ganancias”, explica Laura Sarmiento.
En Tintorero también se encuentra una fábrica de cabuyas, pero no tienen materia prima para hacerlas.
La siguiente opción para los tejedores es comprarlas fuera del paÃs. En Colombia las venden, pero el costo es mucho más alto, lo que incrementarÃa el precio de las hamacas.
Volver a ver los brillantes y múltiples colores que caracterizaban a Tintorero pareciera una utopÃa en la actualidad, pero a pesar de este oscuro panorama, los artesanos que aún sobreviven con creatividad en este poblado, mantienen la esperanza de volver a ver el arcoiris con todos sus matices.
Información CortesÃa: ElPitazo.net / Redacción: Lcda. Keren Torres
Publicación: Lcdo. Jhoan Gutiérrez Terán / World Stereo