El extraño espíritu de «El Samán de Guama»

Imagen Diseño: World Stereo

El Estado Yaracuy se ha destacado por ser la tierra de mitos y leyendas. Guama, no escapa de ello, en ese  pueblo pequeño, pintoresco y caluroso terruño yaracuyano, además de ser la cuna de diferentes artistas que ha tenido el estado, posee sus historias y cuentos de camino, como todo pueblo venezolano, en sus calles y esquinas siempre se cuentan diferentes leyendas, pero esta ha permanecido en la memoria de muchos pobladores, algunas han ido variando según la jerga de los habitantes pero siempre conserva el toque de misterio que manifiesta la entidad.

 

El licenciado Daniel Navarro en una publicación realizada en su cuenta istagram  @eljournaldedani nos relata que existe un místico árbol, al que todos conocen como Samán, en su crónica no detalla que, “El Samán de Guama es un sitio emblemático del pueblo, quien no lo conoce no ha estado en Guama. Es un punto muy popular, pero también es testigo silencioso de diferentes cuentos de espantos y aparecidos, como el caso de dos amigos que experimentaron el mayor susto de sus vidas.

 

Foto: Cortesía

La fiesta era muy buena, pero a las dos de la mañana una pelea acabó con la parranda. Aníbal y José decidieron agarrar para otro lado. Con algunos tragos encima decidieron parar y tomarse otros traguitos en las faldas del centenario árbol, la noche estaba calurosa, no había brisa que moviera las ramas de los árboles, la luna estaba en su máximo punto y el cielo estaba claro y despejado, era una de esas noches en las que algún espanto se avecinaba.

 

Aníbal miraba al cielo mientras empinaba la botella y al bajar su cara, divisó desde lejos la silueta de un hombre que arrastraba un saco, no le puso cuidado y siguió echándose sus palos, pero José no podía dejar de mirar como el hombre de baja estatura,  sombrero, franela blanca, pantalón negro y alpargatas, se acercaba cada vez más. Aníbal guardó rápidamente la botella, no pensaba compartirla con aquel hombre y de la nada comenzó a lanzarle insultos al indefenso hombre: "¿epa viejo, pa' donde es que vais tú a esta hora? Vaya pa'  su casa y déjese de andar jodiendo.

 

Foto: Cortesía

El hombre parecía no ponerle cuidado y más se acercaba a ellos, cuando el aullar de los perros de los solares cercanos se comenzó a escuchar y una brisa repentina levantó las hojas secas y el polvo de la calle, la figura de aquel hombre comenzaba agrandarse, sus piernas se estiraron. Aníbal y José quedaron privados al ver como la cara del hombre alto se transformaba en calavera, no les quedó más que salir corriendo, el efecto del alcohol rápidamente se había esfumado de su cuerpo, a la mañana ya el cuento se había regado por las casas de Guama de 1975.

 

Entre otros cuentos de camino, el licenciado Jhon Gutiérrez conocido en la población de Chivacoa como el hechicero de Sorte, comparte la historia  que en el  regio y verde arbusto ubicado dentro de Guama, con más de 400 años de vida y siendo testigo de la fundación del pueblo,  es donde gracias a su  sombra descansaban jóvenes y viajeros a través de los siglos, incluso en la tradición oral se cuenta que el mismísimo Simón Bolívar con sus tropas descansó bajo sus frondosas ramas durante el periodo de la independencia.

 

Foto: Cortesía


Pero, así  como posee sus leyendas y cuentos durante los días se desprende el mito escalofriante del ánima del Saman durante las noches. Es así como nos lo narra Eustoquio de Jesús Anzola campesino del sector las Cumaraguas de la serranía de Aroa. El Don a sus  80 años, sentado en un taburete de madera y con la mirada perdida en el tiempo cuenta, que en sus años mozos, su padre era agricultor, y en esos tiempos, era usual que después de las extenuantes jornadas del campo se refrescaran el guerguero con su palitos de cucuy.

 

La creencia en esa época, era que durante los días  de semana santa no se podía trabajar, ni tomar licor, pero su padre, un viejo testarudo no le hacía caso a su abuela con los cuentos de caminos de la zona. Era un viernes santo cuando Don Victoriano su padre bajó al poblado de Guama a jugar coco “un juego tradicional de semana santa”, y se quedó con sus amigos tomando hasta muy entrada la madrugada bajo el famoso samán.  Cuando eran aproximadamente las 3 de la madrugada y el frío calaba en los huesos y solo el ruido de las lechuzas se escuchaba a los lejos, empezaron a sonar las herraduras de un caballo acercándose, pero no lograban ver el origen de los pasos solo fueron volviéndose de una espesa bruma, como cuando la neblina baja de la montaña y sus visiones fueron aún más disminuidas.

 

El grupo de parranderos siguieron tomando, cuando a escasos 5 minutos ven que se viene acercando un hombre con botas y espuelas rechinante en las piedras del piso con vestimenta toda oscura y un sombrero que ocultaba parte de su rostro, ellos le preguntaron quién era, pero no obtuvieron respuesta solo una carcajada y enseguida fue envuelto por la bruma y desapareció delante de sus ojos. El grupo de amigos llenos de valor por los efectos del alcohol no le prestaron atención a esa aparición, pero Don Victoriano recordó que al día siguiente debía bajar unos frutos que ya tenía negociado para la venta y opto por subir en su burro al cerro, a medida que iba subiendo el camino se hacía  más dificultoso para poderlo ver, y se hacía aún  difícil  estando bajo los efectos del licor, pero pasado un buen rato cuando el frío lo hacía tiritar se detuvo un momento para calentarse con otro trago.  En ese momento todos sus sentidos se pusieron alerta al empezar a escuchar a lo lejos ese sonido de espuelas rechinando en las piedras, asustado y aturdido trato de apurar el paso pero mientras  hacía correr el burro, el sonido de las espuelas era más cercano.

 

Al cabo de unos segundos ya no se trataba solo de las espuelas, sino  el sonido del casco de los pasos de un caballo tras su persecución. Por la poca visibilidad no sabe que asustó al burro que hizo que lo tirara al suelo y saliera corriendo. Don Victoriano al estar completamente solo opta por esconderse entre el monte para que su persecutor no lo viera, pero cada vez escuchaba más cerca tanto los pasos de un caballo como el golpe de las espuelas.  Asustado cierra sus ojos y se pone a orar, pero el zumbido del sonido del viento y el frío hacía que estuviera alerta todos sus sentidos y en un instante da por abrir los ojos… ve frente a él la silueta de un hombre alto todo en negro que lo observaba con ojos oscuros que parecían desprenderse de su cara y en medio del temor grita que quien era que lo dejara en paz en ese momento desapareció nuevamente entre la niebla y solo escucho un suave silbido en sus oídos y un murmuro que decía soy el ánima del samán.

 

Don Victoriano salió a carrera y bajó nuevamente al pueblo de Guama, al llegar se  encontró con sus amigos que bebían con él, en el samán, le comentó lo que había  vivido y desde ese día en adelante se regó poco a poco la historia del ánima del Samán. Unos dicen era un terrateniente que le había vendido el alma al diablo por riquezas y que al morir  quedó vagando en las cercanías del gran árbol.

 

Redacción: Lcda. Zuleydy Márquez / World Stereo

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