Las fiestas tradicionales
en los pueblos llaneros son motivo de algarabías y alborotos, la mayoría de las
familias aprovecha la fecha para unir diferentes celebraciones y tomar bailar
hasta que el cuerpo aguante, es así como se dio a conocer el gran sustos que llenó de pánico a Pedro
Gutiérrez habitante del caserío Paujicito, ubicado en el estado Portuguesa.
Cuenta el relato coloquial
que, Pedro Gutiérrez se encontraba en la
fiesta del aniversario número 40 de su
compadre de siempre Ángel Pérez, la noche crecía y con ella el calor y la
picardía entre los asistentes a la reunión, entre los invitados se encontraban
una hermosa mujer de ojos expresivos y sensuales labios rojos. Pedro no le
quitaba la mirada a aquella linda muchacha que no había visto jamás en su vida,
sentía ganas de bailar con ella y en efecto al cabo de unos minutos la joven
aceptó bailar.
Entretenidos danzaron
por más de 1 hora. Pedro cada vez sentía
una atracción extraña cada vez más fuerte hacia la mujer de ojos llamativos y
sin importarle sus compromisos familiares ni la existencia de su esposa, que se
había quedado en casa con sus hijos, se le declaró a la mujer y negó a su
familia por completo.
La moza que pocas palabras
cruzó con Pedro se sonrojaba al oír los halagos que venían de su parte. Los
besos intensos vinieron poco a poco y ella le ofreció ir afuera de la casa para
tener más privacidad, lo cual Pedro, lleno de ansiedad aceptó sin vacilar; en
la parte exterior de la vivienda solo había monte y oscuridad lo que daba un
ambiente de tenebrosidad, pero la
muchacha cada vez lo invitaba a profundizar en él sin importarte el peligro al
que se estuviera enfrentando.
En ese juego de besos y
recorrido por los oscuros matorrales llaneros, la chica voltea
y manifiesta estar apenada por lo sucedido y repetía de manera
insistente que le da pena estar con
alguien que apenas conocía. Pedro, sin
importarle nada solo quería vivir el momento, fue allí donde al seguir
suplicándole a la muchacha, esta se
voltea llena de ira y le muestra un
rostro cadavérico el cual lo asustó y
este sale despavorido, pero con la mala suerte de tropezarse con algunas ramas
y piedras que le causó una caída que lo dejó inconsciente por largas horas en
medio de noche.
Al despertar, al día
siguiente Pedro sentía un tremendo dolor
de cabeza y en un lugar lejano y desconocido, al ir caminando se da cuenta que
se encontraba en un cementerio; al leer su nombre en una de las lápidas quedó
petrificado. De manera inmediata,
intenta salir del sitio, cuando consigue a la horrorosa mujer
extendiéndose en sus brazos y corriendo hacia él, que le
gritaba de forma imponente que se quitara el Cristo de oro que cargaba
colgando, ya que al parecer, lo
protegió esa noche de las garras
del espanto.
Pedro se salvó ese día, al
llegar a su casa y narrar la terrible historia a su familia, juró más nunca
engañar a su esposa, ni tratar con mujeres desconocidas.
Redacción:
Lcda. Zuleydy Márquez / World Stereo