La relación entre Rusia y
Occidente se encuentra en su momento más tenso desde la Segunda Guerra Mundial
después de que Rusia comenzara la pasada semana su invasión a Ucrania.
Debemos recordar que el
inicio de todo tiene su origen hace más de 30 años, cuando en 1991 se disuelve
la Unión Soviética y sus territorios se convierten en repúblicas
independientes. Una posición reforzada de Ucrania con la OTAN implica la
pérdida directa de la influencia de Rusia sobre este país. También ocurre al
contrario, un triunfo para Rusia es una pequeña derrota para la Unión Europea.
Dicho conflicto se alarga
desde hace más de una semana y ha venido precedido de una serie de acusaciones.
La diplomacia no ha podido poner freno a las aspiraciones de Putin, quien dio
la orden de invadir el país ucraniano con la intención de "desmilitarizar
y desnazificar Ucrania".
La tensión aumentó el
pasado martes 22 de febrero, cuando Rusia reconoció la independencia de las
autoproclamadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, situadas en la zona
conocida como el Donbass, precisamente dicha zona, es una de las claves del
conflicto. Allí hay una guerra civil latente con enfrentamientos permanentes
entre ucranianos y prorrusos, que conviven de manera bastante tensa.
La emigración ucraniana se
intensifica
El conflicto que Rusia
inició sobre Ucrania desató una problemática migratoria para la población
local, la cual se vio obligada al éxodo en la intención de salvaguardarse.
Un país con 44,3 millones
de habitantes, se nota en la velocidad con la que cambian las cifras, la
agencia de la ONU para los refugiados, Acnur, ha estimado en cuatro millones
“las personas que podrían escapar de Ucrania en las próximas semanas y meses”.
Ya lo ha hecho un millón, según ha anunciado este jueves el máximo responsable
de Acnur, Filippo Grandi.
Es la mayor crisis de
refugiados en Europa desde las guerras de los Balcanes en los años noventa del
pasado siglo y, por su espectacular ritmo de incremento, va camino de ser la
más grave desde la Segunda Guerra Mundial. “Estamos ante lo que podría
convertirse en la mayor crisis de refugiados de Europa en este siglo”, indicó
ya este martes Grandi.
Más de la mitad han
cruzado a Polonia por una frontera de más de 500 kilómetros. Es un país con un
idioma parecido y en el que ya residen un millón de ucranianos, principalmente
migrantes económicos. También allí se dirigieron la mayoría de ucranianos en
2014, tras la anexión rusa de Crimea y el inicio de la guerra del Donbás.
Por otra parte, la
diáspora ucraniana ha pasado de la impotencia y la indignación a la acción.
Decenas de protestas contra la invasión rusa han tenido lugar en las
principales ciudades del mundo, y han contado con la presencia de expatriados
que han comenzado a denunciar la situación de los familiares que tienen en Ucrania
y a exigir a los gobiernos del mundo acciones concretas contra Rusia y a favor
de su país.
Finalmente, la bandera amarilla y azul se ha
convertido en el estandarte de Tokio, Berlín, Ciudad de México, Bucarest,
Sídney, Nueva York, Tel Aviv y otras ciudades del mundo que se han sumado al
repudio contra las operaciones militares autorizadas por Vladimir Putin, y que
han causado el desplazamiento de niños y ancianos.
Redacción: Lcdo. Jhoan
Gutiérrez Terán / World Stereo


