Con el corazón oprimido por el dolor y un profundo pesar, la nación entera llora las pérdidas humanas y materiales causadas por el devastador doble impacto sísmico de magnitudes 7.2 y 7.5 que sacudió el territorio venezolano el pasado 24 de junio.
El lamentable hecho ha dejado una estela de destrucción sin precedentes en múltiples zonas de Caracas afectando severamente a sectores como Los Palos Grandes, Altamira, el centro histórico y Catia, extendiéndose con igual crudeza hacia La Guaira, Puerto Cabello y Tucacas, entre otras localidades costeras. A este desolador panorama se suma la tragedia en el occidente del país, donde el movimiento telúrico provocó un gran deslave en el pueblo de Chabasquén, sepultando hogares y enlutando a decenas de familias.
Asimismo, en medio de la penumbra y las dificultades, la valentía y el coraje del pueblo venezolano han emergido como una luz de esperanza inquebrantable. De forma autónoma y por gestión propia, la ciudadanía se organizó para estructurar una inmensa red de centros de acopio nacionales que trabaja en perfecta sincronía con las primeras misiones de ayuda internacional.
Los mismos venezolanos, utilizando sus propios vehículos y recursos, están trasladando toneladas de insumos directamente a las zonas más afectadas y de difícil acceso, demostrando que la solidaridad civil es nuestro escudo más fuerte en tiempos de crisis, contando también que hemos recibido en nuestro país gran apoyo internacional tanto en insumos como en rescatistas para seguir buscando a personas con vida.
Igualmente, el estado Lara se ha convertido en un bastión fundamental de recolección y resistencia humana, activando numerosos puntos de recepción en todos sus municipios.
En Barquisimeto y Cabudare destaca la extraordinaria labor de los centros de acopio ubicados en el Centro Comercial París, el emblemático monumento nacional La Flor de Venezuela, el punto instalado de frente al Rectorado de la UCLA, la Fundación Tejiendo Redes, las instalaciones de Fitness Factory, la cancha de Las Mercedes en Cabudare, a lado de Seguros Altamira, entre otros. En cada uno de estos espacios se ha registrado una masiva y conmovedora movilización de voluntariado, conformado principalmente por jóvenes y vecinos que dedican horas enteras a clasificar, embalar y despachar la ayuda.
Por consiguiente, los coordinadores de estos puntos hacen un llamado urgente a la colectividad para mantener activo este valioso motor humanitario y no detener el flujo de insumos. Solicitando con extrema urgencia seguir donando agua potable, alimentos no perecederos, ropa en buen estado, pañales, sábanas, colchones, medicinas de primera necesidad y artículos de higiene personal. De igual forma, se exhorta a la ciudadanía a no olvidar la donación de cuentos, libros, colores y juguetes; mantener la salud mental y ofrecer actividades lúdicas para los niños en los refugios es una tarea crucial para mitigar el fuerte impacto psicológico que sufren los más pequeños en las zonas de desastre.
Finalmente, recordamos a toda la población que cada pequeña contribución se traduce en vidas salvadas y en el consuelo de una familia que hoy lo ha perdido todo. Venezuela ha demostrado históricamente que su verdadera riqueza reside en la hermandad de su gente, y esta no será la excepción. Extendamos la mano con amor y compromiso por la reconstrucción de nuestro país y el cobijo de nuestros hermanos.
Redacción: Fabiola Giménez
/ World Stereo







