El
Municipio Cocorote está ubicado en el
estado Yaracuy, es un pintoresco lugar que posee 52 mil habitantes, en sus
calles se puede observar la calidez de las personas pero también se respira un
aire recóndito propio de las tierras de mitos y leyendas, pues el estado y el Municipio en sí, se han caracterizado
por ser fieles creyentes y practicantes del espiritismo.
Entre esas
creencias se comenta sobre la presencia de José Milla y el ánima sin doliente,
alientas que según los pobladores se sienten en lugares característicos de
Cocorote como el Cementerio Municipal y la zona montañosa.
El licenciado Daniel Navarro Petit,
historiador y creador de la cuenta @ElJournaldeDani en istagram y Facebook,
relata que el cementerio Municipal de
Cocorote abrió sus puertas a principios de los años 40, en un terreno que
quedaba a las afueras del poblado. Luego de la clausura del antiguo camposanto
que se ubicaba en el sector Caja de Agua, las osamentas que hacían parte de
este cementerio fueron trasladadas al sitio donde se encuentra en la
actualidad. Para ese momento, todas fueron identificadas para volver a darles
cristiana sepultura, pero según la tradición oral, hubo una osamenta que no se
identificó, nunca tuvo nombre, nunca los deudos la visitaron, por lo que se
decidió colocarla en una fosa común y colocarle una cruz sin nombre. Desde ese
momento se convirtió en el ánima sin doliente del cementerio de Cocorote, que
aún pena y recorre el camposanto todas las noches.
Detalla, que
tal parece que al cerrar las puertas del panteón, las almas deambulan por el
lugar. Así lo cuentan Diana y Rosa, hijas de un difunto que está reposando en
el cementerio, que al no poder ir al sepelio de su padre, decidieron ir al lugar semanas después.
Sus hermanas no
quisieron acompañarlas al cementerio, por lo que decidieron ir solas y ver como
conseguían la tumba; pues para los años 80 no estaba tan poblado. Al llegar al
lugar, entraron y a unos cuantos metros vieron a un señor que vestía camisa blanca, pantalón negro y un sombrero
de cogollo, pensaban que era el celador; al acercársele le preguntaron si conocía
la tumba de Teodoro Barreto y sin pronunciar palabra, señalo con su dedo y las
dirigió hasta la tumba señalada, con sus largos dedos que apenas se podían
visualizar por el largo de su camisa les indico que caminaran junto a él, hasta
el momento Diana y Rosa no se habían percatado que con quien estaban tratando,
era un ánima.
Las damas al dejar las flores, rezar y estar un rato junto a la sepultura de su padre, decidieron marcharse, buscar al señor que muy amablemente las llevó hasta la tumba. Lo buscaron pero no lo visualizaron en los alrededores ni en la entrada, en ese momento vieron a una señora que venía saliendo del cementerio, al preguntar si había visto al señor u describirlo, la señora asombrada les dijo que habían sido atendidas por el ánima sin doliente, pues el señor había muerto hace muchos años y al momento de la mudanza del campo santo nadie reclamo su cuerpo. Diana y Rosa salieron espantadas, con los pelos de punta, aterradas por lo sucedido.
Así como el
relato de Diana y Rosa que vieron al ánima, existe otro cuento sobre varios
amigos que decidieron entrar al cementerio, su dosis de curiosidad fue calmada
con un fuerte espectro de la oscuridad, que los llevó a tener pesadillas por
varias semanas. Unos muchachos que habitaban cerca del cementerio. Los jóvenes
que para aquel momento tenían entre 16 y 17 años, decidieron un día querer
experimentar y saber si era cierto de que en el cementerio había actividades
paranormales.
En el año de 1991, los aventureros esperaron
que fueran las 7 pm y entrar por la parte trasera del panteón, los tres
chamos se decidieron en entrar, dos
estaban esperando detrás de la reja para avisarles si venía alguien. Al brincar
la pared todo era oscuro, una espesa niebla se observaba en el lugar que tenía
hacía uno que otros velones prendidos,
había sido un día de lluvia y el frío era algo fuerte, todos estos elementos le
daban un toque terrorífico a lo que estaba por suceder. Una linterna pequeña
era la poca luz que los acompañaba, pero, al llegar a una de las tumbas la
misma empezó a fallar, era intermitente y la luminaria era más opaca de lo
normal.
Navarro,
explica que uno de los muchachos sentía que alguien venía detrás de ellos, pero
como dos de sus amigos estaban afuera, pensó que se habían decidido entrar, al
voltear le pidió a uno de sus amigos que alumbrara, pero no había nadie, como estaban atentos a
lo que venía detrás, descuidaron lo que poco a poco empezaba aparecer delante
de ellos. Un hombre alto, vestido de negro totalmente, se les apareció, no
tuvieron oportunidad de verlo bien pero sabían que no era humano, los
jóvenes salieron corriendo despavoridos,
pero mientras trataban de llegar a la pared del fondo, uno de ellos cayó en una
fosa donde iban a sepultar a alguien al día siguiente, los otros corrían y no
se dieron cuenta de que su amigo necesitaba ayuda.
Entre el desespero por salir, los amigos
escuchaban los gritos hasta que lo consiguieron, lograron sacarlo de la fosa
pero una luz incandescente se posó frente a ellos y una risa macabra los
comenzó a aturdir. Sus piernas parecían dormidas, el espectro quería que lo
vieran y alimentarse de su miedo, la luz se había transformado en el mismo
hombre que los había hecho correr.
Privados del
susto comenzaron a lanzar puñados de tierra pero era inútil, los alaridos de
los chicos habían alertado a los que estaban afuera, por lo que decidieron ver
tras los huecos de la pared, pero no se podía ver nada, asustados corrieron a
la casa más cercana y le avisaron al papá de uno de los que estaba adentro, que
algo extraño estaba pasando. El señor agarró agua bendita y salió corriendo a
buscarlos, pero, al llegar al lugar, estaban tirados en el suelo, sucios,
orinados, cubiertos en llanto. Lo que habían visto los atormentó tanto que el
susto les duró varias semanas. La abuela de uno de ellos que se dedicaba al
espiritismo los tuvo en una velación para quitarles a esa entidad maligna, pues
se había adherido a ellos desde que agarraron la tierra del cementerio.
Tal parece que
esa tierra es sagrada y tiene poder, en este caso no era un ánima la que los
había espantado, se trataba de una entidad que se había formado por rituales de
brujería que habían practicado en el lugar y era un custodio fallecido quien se
encargaba de resguardar el camposanto.
Según vecinos del sector, la tumba del ánima ya
no existe en el cementerio. Pero hay varias personas que afirman que aún lo han
visto merodeando el lugar, pero este ánima no lástima, solo busca luz para
descansar.
Juan Milla, el
caminador de Cocorote
En el pueblo de
Cocorote las historias no solo se basa en el misterio de las diferentes
presencias del cementerio, pues hay quienes sienten y creen en Juan Milla, mejor conocido como el ánima de Cocorote, cuenta la leyenda que
estando en las Minas de Aroa, Milla se
enfrentó en una riña a un hombre inglés al quien luego apuñaló causándole la
muerte. Él escapó corriendo por las montañas de Aroa hasta las montañas del
poblado yaracuyano, lugar donde hoy en día se encuentra su altar. Estado allí
se sintió cansancio y paró, minutos después murió posiblemente de un infarto o
por las heridas causadas en la pelea con el inglés. El cuerpo de Milla fue
hallado sin vida el 20 de diciembre de 1913.
Son muchas las
personas que le profesan devoción porque, según aseguran, les ha concedido
favores. En su capilla, ubicada en la zona alta del municipio Cocorote, se
pueden observar muchísimas placas de agradecimiento, algunas de ellas, apenas
se pueden leer por su antigüedad, otras se han deteriorado por la cantidad de esperma
de incontables velas derretidas que se encienden al ánima de este hombre. A un
lado de la capilla se encuentra un monumento que simboliza la tumba de Milla
levantado por Pedro Torres y sus hijos, como pago de un favor concedido el cual
se desconoce, pero que según los habitantes de la zona se dice que allí todavía
reposan sus restos.
Sánchez, quien
era habitante de la zona, le pidió con mucha fe al ánima de Juan Milla. Le dijo
que lo ayudara a salir de sus problemas y él le construiría una capilla en el
lugar donde murió. Un día este personaje ganó en las carreras de caballos y
logró salir de sus problemas. Fue así como construyó la capilla de Milla en
diciembre de 1952.
Placas y
regalos que le ofrece infinidades de personas devotas de este “Robin Hood” que
les brinda favores a los más necesitados que con mucha fe le piden por su
bienestar. Juan Milla sigue allí en las zonas de La Cumaragua, El Candelo y Las
Filas recorriendo las montañas y caminos que transitó en vida, esperando ser
llamado por algún creyente.
Entre los
pobladores se rumora que hay noches nubladas en la que a lo alto de la montaña
se siente Juan Milla, corriendo perdido y solicitando ayuda, hasta hoy en día
en el Municipio se estima que es el protector de las montañas y su presencia llega
ayudar al desesperado.
Redacción:
Lcda. Zuleydy Márquez / World Stereo